viernes, 27 de abril de 2012

Los cuernos de San Marcos.


Uno puede estar a favor o en contra de los toros, ya sea por moda, como ocurre ahora, o por convicción, algo que supongo que siempre ha pasado. Hay, sin embargo, algunas realidades:

Primeramente, los animales que son usados para el consumo alimenticio de superpredadores como somos los humanos tienen un final: la muerte prematura, más o menos violenta y normalmente lejos de los ojos de los comensales, para no causar traumas. (Fotos mías).



Segundamente, los toros de las fiestas populares acaban en un matadero para ser sacrificados y aprovechada la carne.



Terceramente, el toro es un animal que  lo conocemos tal y como lo conocemos gracias a las ganaderías, sin éstas, no existirían mucho más que el lobo ibérico.



Cuartamente, hay una implicación antropológica que hace que al hombre le cueste la misma vida desarraigarse, y las fiestas con el toro son de las más arraigadas de una forma u otra: lidia, encierros, ensogaos, etc. Pero que no es algo moderno, sino que proviene de la más antigua época de la humanidad civilizada. Hay animales que han sido la sustancia del contenido de un símbolo de mucha implicación en el desarrollo del imaginarium humano, entre ellos han estado el ruiseñor, la corza blanca, el toro…



Últimamente, te puede gustar o no los festejos con toros o festejo del toro, con no ir a participar basta, pero todo lo anterior hace que no haya motivo alguno para prohibir las fiestas con toros. Puesto que lo único que implica es que haya un ritual antes del sacrificio del animal, que en vez de morir en silencio, ha muerto tras ser el centro de atención de miles de personas, ha sido agasajado, mimado, cuidado, y por último ensalzado como símbolo de una tradición (tradición que es sólo la expresión de unas implicaciones profundas mucho más intensas) que lo honra y lo dignifica antes de morir, porque dicho ritual es la afirmación que el toro recibe por parte del hombre, afirmación de su importancia para la humanidad, que si ahora el “progreso” tecnológico y transgénico nos ha hecho poner entre brumas, no deja de ser menos cierto que aún comemos carnes procedentes de animales de vida natural, y no clonados.

Uno de estos rituales ha sido expresados por medio de los toros ensogaos, tradición en Beas de Segura (Jaén) desde hace cerca de 600 años. El ritual con el toro no es un juego, es también una tragedia, y la prueba está en las fiestas de este año, en el que un vecino ha sido muerto por un pitonazo. Véase la noticia en: http://www.canalsuralacarta.es/television/video/presenta-modesto-barragan/20452/13 
Es el peligro de jugar con lo serio, porque el toro, repito, no es un juguete con el que el hombre se divierte, es un ser al que se le agradece su existencia y su sustento. Y me remito a lo fundamental.

Por eso, yo siempre defenderé al toro, además de otros motivos que aquí ahora no son pertinentes. Por otro lado:

Si te casas, llevarás
de San Marcos la bandera
los cuernos como los toros,
pero son de otra manera.

¿Por qué San Marcos y el toro? ¿No es el toro la representación simbólica de San Lucas? Así es, efectivamente. Pero en algún momento de la historia ocurrió la equivocación, y no se sabe cuándo, aunque sí podemos hablar del siglo XVII, siglo en el que ya hay un ejemplo de dicha equivocación. Creo que la fiesta del toro para finales de Abril (el 25 es la festividad de San Marcos) es anterior a la confusión, y con eso de celebrar San Marcos con toros, se llegó a identificar con dicho animal, a partir de lo cual nacieron coplas y romances en el que San Marcos y el toro están tan unidos que se identifican como éste símbolo de aquel. De ahí que se pueda saltar a la metáfora de “bandera de San Marcos”, u otras similares, para significar “estar encornado, ser un cabrón, que te la han dao, vamos”.

Dice alguien: “San Marcos decían que era el patrón de los cornudos y de los cabrones. Como la figura de San Marcos es un toro, pues decían que eran cabrones. Entonces, una costumbre que se ha perdido por completo era que en la noche de San Marcos, pues iban y le ponían la bandera a todos los que se suponía que la mujer era ligera de cascos, su mujer. Pues iban y le daban la serenata y le cantaban. Y al que creían que era verdad, pues iban y le ponían la bandera, una bandera, para que todo el mundo se riese de eso. Era el cabrón del año”.

A parte de la grandeza de la última frase, que se merece mi aplauso, vemos patente la confusión del señor encuestado, aunque es una confusión inconsciente. Vemos la tradición. Vemos la relación toro-San Marcos-cofradía de San Marcos-cabrón.

Dice una copla:

Dichoso puede llamarse
el que con cuernos tropieza
porque mueve con los pies
lo que otros con la cabeza.

Y como dice el autor del artículo que estoy siguiendo, yo también:

Cuando voy por la calle
voy con gran miedo,
no me saquen un ojo
con algún cuerno.

Porque, si en algún sitio se ha ido aposentando todo lo que es arraigo en el pueblo, este sitio es el cancionero popular y el romancero. Especialmente el cancionero popular por lo de ágil y fresco que tiene, siempre dispuesto para acoger un chascarrillo o una anécdota. Pues eso, una vez que hemos llegado al cancionero popular, me despido, que muchas vueltas da la vida y si sigo puedo acabar hablando del penalti de Sergio Ramos.

Ah, y el artículo en el que me he fijado para reflexionar “un algo” ha sido: José María Alín, “Bajo la bandera de San Marcos”, en De la canción de amor medieval a las soleares. Edición de Pedro M. Piñero Ramírez. Universidad deSevilla, 2004.

ANGELUS ROBUR AGRESTIS

1 comentario:

Grupo NT dijo...

En otro momento puede que comente más, pero ahora te digo que lo de "el cabrón del año" es un título maravilloso. Me recuerda a la película Amanece, que no es poco, cuando hacen las elecciones para ostentar el cargo de puta y de marimacho. El cabrón del año... vaya telita.

Tertius Romanus Sicculus festinans.