viernes, 30 de marzo de 2012

Bonifacio Chamorro. Cara y Cruz?

Esta breve nota la quiero dedicar, de paso tomando al pie de la letra el sutil "impelimento" del sabio Angelus, al casual encuentro del que he sido objeto esta tarde, el cual no me acabo de explicar por qué ha llegado tan tarde, y de la posterior micro-investigación (de apenas unos minutos) que me ha hecho ser "visionador" de lo que aquí plasmar he. Me explico.

En la famosa Colección Austral, la del ciervo ése que tiene estrellitas, y va por colores, tengo la suerte de contar con una traducción de las Odas y los Epodos de Quinto Horacio Flaco cuya tercera edición data del año 1967, pero cuya primera publicación se remonta al 10 de Septiembre de 1946.

Pues bien, el traductor del inmortal "monumentum aere perennius" es Bonifacio Chamorro. La verdad es que a mis cortas luces filológicas, pero que por escuchar, han escuchado muchos nombres propios, no tenía en mente a este Bonifacio Chamorro, y lo hubiera seguido teniendo como alguien desconocido. Eso, pese al gran detalle que condiciona su traducción: toda ella está trasladada a versos castellanos. Tal vez en algún momento emprenda a comentar el tema de la traducción en verso, pero vamos a dejar eso para otro día.

Lo cierto es que, al concluir la traducción de los epodos, me encuentro para sorpresa mía (y ha tenido que esperar el momento hasta esta tarde) con un poema propio, del traductor, a modo de epílogo, que reza así (intentaré transcribirlo exactamente igual que en el libro):

"Amo de Horacio la actitud sencilla
ante el cortejo que esplendente pasa ;
el gusto, la medida, el equilibrio...
Su afán de gloria, no. No me hace falta.

Lector, ni tus elogios, si es que llegan,
la vida de hoy me tornarán mañana,
ni el que puedan tal vez no llegar nunca
me quita el sueño... Haber vivido basta.

Revivir fuera bello, mas logrando
en cuerpo revivir, no en nombre y fama.
Volver a ver los campos florecientes,
el fugitivo arroyo y la montaña ;

renovar el placer de hallar amigos
con quienes compartir risas y lágrimas ;
dueños volver a ser de un breve bosque,
de un prado, de una viña, de una casa ;

y en pleno corazón sentir de nuevo
las flechas dulcemente envenenadas
por el travieso Amor, dueño del mundo.
¿La gloria esto no da?... Pues no da nada."


Como pequeño inciso, me permito citar otro poema de otro autor un tanto más reciente que se me ha venido a la mente al leer y al trancribir:

"Itinerante entre los secos lagos,
amenazados por la escarcha,
a pensamientos florecidos llego;
despido el decenio que marcha.

Cerca de mí veo al mayor poeta,
y sus raíces sevillanas;
es esto más que mi talento vano
lo que en verdad con él me hermana.

¡No! No me culpes por ser mal alumno,
pues mi siglo al arte maltrata:
si alguien se atreve a cantar vivos versos,
nadie oírlo siquiera trata.

Sin más, veinte años he pasado aquí;
al parecer nada me falta.
Ya el objetivo no es el mismo de antes:
llegar a las cumbres más altas.

Ya sólo pido que al rimar arranque,
sonrisas pequeñas, humanas.
Si al marchar, alguien aplaudirme quiere,
lo dirá la Muerte mañana."



Pero ahora viene el fulmen in clausula: resulta que una pequeña búsqueda en Google con el nombre del regio traductor y poeta Bonifacio Chamorro me ha reportado un nada esperado resultado: Según parece, nuestro hombre no dejó nada más escrito a su muerte (de cuya fecha carecemos). Nada, excepto el epílogo susodicho, y esta obra que introduzco ahora, de 1938, para la cual (afirman), también se vio imbuido por el talento del vate de Apulia:


"Se han cumplido mis antojos
estás aquí ante mis ojos
rubia y chata
no eres pues sombra ilusoria,
ni vano tema de historia,
ni ensueño, ni patarata
¡Existes, noble patata!"


¿Qué podemos deducir de este incondicional de Horacio? ¿Por qué nos brinda sólo dos obras, y por qué éstas son de tan distinto calado? La causa aducida por sus conocidos es el hambre provocado la Guerra Civil. Pero ¿De verdad este poema fue escrito en tono serio? De ser así, podemos explicar su aparición en tal momento; pero el hecho de otorgar seriedad  a esta Oda (más aún si se pretende emparentar con la tradición horaciana), ¿no sería un atrevimiento impropio para un artista que demostraría poco después ser digno de los versos de antaño?
Tal vez algunos años atrás aún tendríamos ocasión de preguntar al autor. Pero sus intenciones ahora se nos escapan...


Sp. B. N. Gr.

4 comentarios:

Angelus-Ruy dijo...

Internet tiene cosas buenas, como es alcanzar a ver la vida de un autor en poco tiempo.

Creo, que las obras deste señor son hermosas, incluso el ripio de la segunda, que es lo que la hace jocosa, más que el final.

El poeta incidente no será tema de un comentario extenso, pues dudo de su autoría...

Austral tuvo un único color en otras épocas, lo de ir por colores es algo más tardío.

El hecho de tener un libro durante un tiempo, quizás algunos años, y un día, por casualidad, te encuentras una sorpresa, como ese epílogo, u otra cosa que me pasó a mí ayer, ya te contaré. Es una de las delicias de tener libros, en papel, pues eso mismo en uno electrónico lo veo como que es muy distinta la sensación. Lo que también es una pena, es que ya no haya (me da a mí)traductores que vivan con esa pasión, hasta el punto de escribir un poemilla laudatorio al que ha sido objeto de placeres filológicos. Un aplauso.

Este hombre, más que un aplauso, que desdeñaría, se merece que no nos olvidemos de él, ni de sus poemillas. Un zumo de patata en su memoria.

Angelus-Ruy dijo...

Yo quizás etiquetaría la entrada en "vivencias" y quizás en "filología". Y pon alguna fotillo del hombre, hombre.

Alfonso J. García Alonso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Grupo NT dijo...

Pues la verdad es que cuando hice la búsqueda rápida no encontré absolutamente nada. Sería bastante curioso averiguar cuál era su poesía realmente, si la puramente horaciana o la otra. El libro de Austral no es bilingüe. ¿El que tú dices es el de Horacio u otro?

Nos alegramos de que te guste el blog!